Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa puerta del departamento se cerró con un suave clic, apenas audible, pero suficiente para que Anna, desde la sala, se girara al instante.
Lisandro cruzó el umbral sin decir palabra. La corbata floja, la mirada encendida. En sus ojos no había rabia, ni tristeza. Solo una urgencia silenciosa que ella reconocía bien.
—¿Estás bien? —preguntó Anna, con dulzura, al acercarse.
Él no respondió c







