La noche había sido tranquila.
Anna dormía profundamente, envuelta en los brazos de Lissandro, sintiendo su respiración firme sobre su cuello. La cama nueva olía a hogar. Afuera, el viento apenas movía las cortinas, y dentro del silencio, solo se escuchaban los latidos acompasados de ambos.
Antes del amanecer, Lissandro se levantó, revisó su tablet que conectaba con la imagen de la celda de Vittorio, estaba mojado y en el suelo, cada cierto tiempo uno de sus hombres iba a tirarle agua para no d