Anna se puso el abrigo despacio, mientras revisaba la pequeña lista en su celular.
—Voy a salir un rato, Bryce —dijo desde la cocina—. Necesito comprar algunas cosas para la cena… y también quiero tomarme mi café de todas las mañanas. Me está haciendo mal tanto encierro.
El escolta, parado junto a la puerta, asintió con esa actitud neutral que siempre tenía, sin cuestionar nada.
—Como ordene, jefa —dijo con una leve inclinación de cabeza, abriendo la puerta del departamento para ella.
Anna le d