Lissandro dormía profundamente, con Anna desnuda entre sus brazos. El calor de su cuerpo y la tranquilidad de su respiración eran un refugio después de días ajetreados en su organización. De pronto, una vibración en la mesita de noche lo sacó de su sueño.
Abrió los ojos lentamente, cuidando de no despertarla, y tomó el celular. Era un mensaje de Joaquín:
“Jefe, sus padres están muertos. Mire las noticias.”
Lissandro se tensó de inmediato. Dejó un beso suave en la frente de Anna, se levantó con