El sol de la mañana entraba por los ventanales del orfanato, bañando los pasillos de luz dorada. Anna caminaba con paso tranquilo, revisando algunos papeles en su carpeta, seguida de Minerva y Diana, siempre discretas, siempre alertas.
—Minerva, Diana, si quieren pueden ir a ver a los niños o acompañarme a la oficina. Aquí estamos seguras —dijo Anna con una sonrisa amable.
—Como digas, Anna —respondió Minerva, ajustando su chaqueta.
Diana decidió dar un paseo por los alrededores mientras Minerv