Lucy despertó con un nudo en la garganta; su lengua se sentía pastosa y un poco amarga.
Lo primero que sintió fue la luz golpeando sus ojos.
Una claridad suave, blanca, filtrándose por cortinas livianas que se movían apenas con la brisa. El segundo golpe fue el mareo. La cabeza le pesaba, el cuerpo le respondía con lentitud, como si no le perteneciera del todo.
Intentó incorporarse con las pocas fuerzas que le quedaban.
—Sebastián… —susurró.
Se sentó en la cama de golpe, ignorando el vértigo qu