La chimenea crepitaba suavemente, lanzando destellos anaranjados que se reflejaban en las paredes de madera.
El fuego bailaba lento, llenando la cabaña con un calor agradable que se mezclaba con el perfume dulce de Anna, aún entre los brazos de Lissandro.
Ella reposaba sobre su pecho, el rostro escondido bajo su mentón, escuchando el ritmo tranquilo de su corazón.
Afuera, la nieve caía sin ruido, cubriendo el bosque de blanco, mientras adentro solo existía ese instante perfecto: la calma despué