El vapor aún llenaba el baño cuando Luz salió de la ducha.
Su cabello dorado goteaba sobre la toalla que cubría su cuerpo y el aroma a jabón y vainilla se mezclaba con el sonido juguetón de Zeus.
El bóxer de pelaje dorado mordía su juguete favorito —una pelota roja casi destruida— mientras movía la cola con entusiasmo.
—¡Zeus! Cuidado con eso, no rompas nada.
—Wof —respondió el perro, ignorándola con el descaro propio de quien se sabe amado.
Luz rió y caminó hacia la habitación para vestirse, c