Gemelos idénticos, pero diferentes.
Anna salió de la oficina casi tambaleando. Los gritos aún resonaban en su cabeza: “nos has robado”, “no tienes derecho a llamarte mi hijo”. La imagen de Leandro discutiendo con sus padres, con los ojos inyectados de furia, la dejó helada.
Bajó por el ascensor con la respiración agitada, y al salir a la calle sintió que el aire le pesaba en el pecho. No entendía nada. Ese no era el hombre que había amado en las últimas semanas. Ese no era el Lio que le cantaba al oído, que la abrazaba fuerte por