—¡Vamos a las camionetas! —ordenó Leandro con voz firme cuando Noah habló de una pequeña señal de interferencia.
Todos reaccionaron al instante. El ruido de botas, puertas abriéndose y motores encendiéndose llenó el aire.
Joaquín, que iba un paso atrás mirando su tablet, dio un brinco repentino.
—¡Hay señal! —gritó—. ¡Hay señal!
Leandro se giró de golpe.
—¿Qué?
—¡Se activaron los GPS! —repitió Joaquín, incrédulo—. ¡Los seis! Todos al mismo tiempo.
Lissandro frunció el ceño mientras subía a la c