La mañana avanzaba lenta sobre la mansión San Marco.
El sol apenas asomaba entre las cortinas del despacho, iluminando los mapas y documentos extendidos sobre la gran mesa de roble.
El ambiente olía a café, a cuero, y a estrategia.
La guerra visible había terminado, pero la verdadera cacería recién comenzaba.
Lissandro, Leandro y Joaquín estaban reunidos frente a la pantalla principal del sistema de rastreo.
Los drones enviados durante la noche habían transmitido las últimas coordenadas, y ahor