La madrugada aún cubría la ciudad con su manto gris.
La mansión San Marco estaba en silencio, pero no era el silencio de la paz… era el silencio del cansancio después de la guerra.
El olor a pólvora seguía impregnando las paredes.
Los cuerpos habían sido retirados hacía una hora, y el equipo de limpieza terminaba de lavar la sangre del mármol de la entrada.
El aire olía a desinfectante.
Lissandro había vuelto hacía poco.
Después del enfrentamiento en el muelle, había necesitado ducharse para qu