Agatha conducía de noche. Los días habían pasado desde que volvió cn Leandro, su relación estaba mejor que nunca, ya sin miedos, sin trancas, eran felices viviendo su amor. el auto de ella corría por la ciudad a toda velocidad hasta llegar a un galpón. Apenas se estacionó, un mensaje de Leandro llegó a su celular:
Leandro:
—¿Qué prefieres para cenar, comida italiana o comida china?
Agatha sonrió.
Agatha:
—Prefiero comida italiana… contigo de postre.
Leandro:
—Puedes comerte el postre primero si lo deseas. Yo soy materia dispuesta para lo que ordene la princesa.
Agatha:
—Entonces te quiero a ti primero, después vemos si quedo con hambre.
Leandro:
—¿Dónde estás? ¿Te demorarás mucho?
Agatha:
—Estoy solucionando un problema, pero será rápido. Te amo, mi animal.
Leandro:
—Te amo, mi doctora gruñona.
Agatha sonrió y dejó su celular en la bolsa. Su mirada cambió. Sus ojos se oscurecieron. Salió del auto y entró al galpón, que estaba acondicionado como una clínica clandestina.
Sus taco