Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa cena terminó entre comentarios triviales y alguna risa forzada. El tiramisú había sido un éxito, pero en la mesa no hubo juego posible. Leandro no era tonto; sus ojos recorrían cada gesto, cada palabra, cada mirada de su hermano. Anna apenas podía tragar, sintiendo el peso de la vigilancia.
Cuando finalmente se levantaron, Leandro anunció que debía hacer una llamada importante de negocios. Subió a su despacho con el tel&







