El amanecer se filtraba en la habitación, suave y dorado.
Anna despertó entre los brazos de Lissandro, su cabeza apoyada en su pecho desnudo, el corazón de él latiendo con un ritmo tranquilo y protector.
—Hola, amor.
—Hola, pequeña, ¿dormiste bien?
—Sí —respondió ella, acurrucándose aún más entre sus brazos.
Lissandro sonrió, besándole la frente.
—Vamos a tomar desayuno, debes comer algo. Luego bajaremos a la playa, ¿te parece?
—Me encanta la idea.
Anna se levantó, se vistió con un vestido livi