El reloj marcaba las seis de la tarde cuando Damon se quedó solo en su despacho, observando el reflejo de la ciudad a través de las ventanas panorámicas. El silencio de la oficina solo era interrumpido por el leve zumbido del aire acondicionado. Había pasado toda la mañana en juntas, repasando cifras, discutiendo proyectos… pero lo único que ocupaba su mente era esa maldita videollamada.
La imagen de Evaluna aparecía una y otra vez en su cabeza. Esa sonrisa nerviosa, el desorden de su cabello,