La ducha estaba abierta al tope, con el agua golpeando la piel de ambos, borrando la espuma del jabón y dejando al descubierto cada músculo tenso.
Lancelot lo giró con brusquedad, pegándolo contra la pared de azulejos, mojándose también, y comenzó a tallarle la espalda con unas manos firmes. Pero Dionisio, borracho y vulnerable, se frotaba contra él como si buscara incendiarlo más con cada roce. Su trasero se restregaba sin pudor, arrancándole a Lancelot un jadeo que mordió entre dientes.
—Dete