Ariel, consumido por un deseo ardiente, atrae a Camelia hacia sí, tomándola por el cuello con delicadeza. Sus labios se encuentran en un beso apasionado, casi devorador. Es como si nunca pudiera saciarse de ella, de ese sabor que lo ha obsesionado desde la primera vez que la probó. Sus labios exploran cada rincón de la boca de Camelia, mordisqueando suavemente, saboreando cada instante. Con los ojos cerrados, su mente vuela, im