320. UNA EMERGENCIA
Ariel se despierta al sentir la mano de Camelia acariciando su rostro. Al abrir los ojos, se encuentra con los de ella, que parecen vacíos. No dice nada, se queda quieto, dejando que ella haga lo que quiera. Le parece que está allí y a la vez ausente. Permanece inmóvil, temeroso de cómo ella pueda reaccionar.
—Me duele... —balbucea Camelia—. Me duele mucho allá abajo.
Fue entonces cuando Ariel levanta la mano y toca la frente de su esposa. Está ardiendo, la temperatura es demasiado elevada.