Mundo ficciónIniciar sesiónLa sola mención de Ariel hace que su cuerpo se estremezca violentamente. La vergüenza la consume como ácido al pensar en su esposo, en sus manos tocándola, en su mirada sobre ella. Ya no se siente digna de su amor, de sus caricias. Se siente sucia, manchada, rota.
—¡No quiero que le digas nada a mi esposo, vamos, papá, por favor! —ruega de nuevo. El terror se refleja en cada fibra de su ser. La desolación se refleja en su rostro pálido como la muerte, mientras su






