Mundo de ficçãoIniciar sessãoTrata de gritar la abuela, pero Leandro le tapa la boca. Camelia mira su bolso, que dejó tirado en el sillón de la entrada, donde tiene su arma, pero no puede ir a cogerlo. Ahora Leandro le apunta a ella también.
—Si los llamas, las mato a las dos —y obliga a la anciana a acercarse a Camelia, que no sabe qué hacer. —¡No, no, no, Leandro! Por el amor de Dios, no le hagas nada a mi abuela. Yo haré lo que quieras,






