Camelia abraza a su amiga y le pide que deje de preocuparse; ya se las arreglará. Hasta ahora no ha sucumbido ni en las navidades ni en fin de año. Nadia dice que es porque la tenía a ella. Camelia insiste en que deje de preocuparse por ella y se concentre en que su hijo nazca sano y salvo. Asegura que estará bien, ya no es la misma de antes; no necesita a nadie que la defienda.
—Mira, ya llegó tu esposo a buscarte —dice señalando a un hombre que se acerca a ellas—. Hola, Ricardo, ¿cómo estás?