Al llegar al almacén Camelia, por mucho que intenta olvidarse del asunto y concentrarse en su trabajo, no lo logra. Hasta que la señora Elvira le avisa que la llaman por teléfono.
—Sí —responde intrigada.
—Hola, Camelia, soy Marilyn. ¿Es que nunca contestas tu teléfono? —le grita su hermana con su voz chillona.
Camelia tiene grandes ganas de colgar porque por experiencia sabe que su hermana la hará sentir mal. Pero ya ha respondido y piensa que debe ser algo muy importante para que Marilyn se