El señor Ariel Rhys la examinaba sin disimulo, como si intentara leer su verdadera naturaleza. Aunque compartía el mismo color de iris que su hijo, su expresión era diferente, más profunda y enigmática. Camelia, contrario a su naturaleza tímida, no apartó el rostro. Había algo en la intensidad de aquel escrutinio que la hacía sentir una extraña mezcla de desconfianza y seguridad, como si aquella mirada no fuera una amenaza para ella.
—Con esto te aviso que después de mí, te hablarán sus dos he