Gira al sentirse observada, y una versión más joven de su suegro entra por la puerta. Se acerca directo hacia ella, le da un fuerte y efusivo abrazo sin dejar de reír mientras la observa.
No sabe cómo reaccionar, se siente extraña; nunca le gustó que los extraños la abrazaran. Pero ellos lo hacen con tanto respeto, como si la conocieran de toda la vida. No puede negarlo, esa calidez familiar la hace sentir bien.
—Gracias Camelia, muchas gracias —dice con una amplia sonrisa el joven frente a el