101. FAVORES
¡Oh por dios! ¿Es que estoy maldecida acaso con esa palabra? ¿Por qué todos me piden favores? Pensó Camelia apretando sus manos sobre su regazo tratando de que su suegra no se percatara de su incomodidad.
—Sí, querida, un gran favor —continuó la señora Aurora sin percatarse de lo que había provocado esa palabra en la joven. —Te estaré eternamente agradecida si me lo concedes.
Camelia no sabía cómo reaccionar. Acababa de leer todo lo que significaba la palabra "favor" y por su experiencia y la