El escudo sónico parpadeó. Fue solo una fracción de segundo, un error en el código divino provocado por la daga de Mirela cortando el suministro eléctrico.
Pero para un depredador, una fracción de segundo es una eternidad.
Kogan rugió. No fue un grito humano. Fue el sonido de algo antiguo rompiendo cadenas. Sus piernas, reforzadas por la transformación parcial, estallaron en movimiento. El suelo de rejilla metálica se dobló bajo su impulso.
Cruzó la barrera justo cuando el escudo intentaba reac