Departamento de Estado. Washington D.C. Sala de Conferencias B. 14:00 PM.
Aurelian Voss odiaba Washington. Olía a pantano drenado y a mentiras viejas.
Estaba sentado en una silla de cuero ergonómica, con las piernas cruzadas, revisando la manicura de sus uñas. Llevaba un traje italiano de tres piezas que costaba más que el coche del funcionario que tenía enfrente. El Subsecretario Norris, un hombre calvo con gafas de montura gruesa, se secaba el sudor de la frente con un pañuelo.
—Señor Voss, e