Pasillo Norte del Palacio de Hierro. 10:25 AM.
El infierno no pidió permiso para entrar. Derribó la puerta.
El pasillo del ala norte se había convertido en una trinchera. El aire era una niebla gris de polvo de yeso y humo de pólvora. Kogan Crowe avanzaba por el centro, sin cubrirse. Ya no era solo un hombre con un rifle. Sus ojos eran dos pozos de tinta negra. Sus dientes habían crecido, afilándose hasta deformar su mandíbula. Las uñas de sus manos habían reventado los guantes tácticos, conver