El Grand Hotel de la ciudad era un templo de cristal y acero, un monumento a la vanidad de hombres que, como Rafael, creían que el dinero podía comprar no solo el poder, sino también el olvido. Esa noche, el salón principal estaba engalanado para la Gala Anual de la Fundación Benéfica "Aurelio y Valeria", un nombre que le producía a Valeria una náusea física mientras lo leía en la invitación que apretaba entre sus manos enguantadas.
—Estás temblando —susurró Bruno a su lado.
No estaban en la ca