Mundo ficciónIniciar sesiónLa lluvia no era una bendición; era un sudario. Valeria corría por el espeso bosque que bordeaba la hacienda, con los pulmones ardiendo y el corazón martilleando contra sus costillas. Había escapado de la cabaña, dejando atrás a Julián y su red de mentiras, pero el eco de los disparos y el siseo de la traición la perseguían más rápido que sus propias piernas.







