La lluvia comenzó a caer sobre el Valle Seco con una violencia inusual, como si el cielo intentara lavar, de una vez por todas, las manchas de hollín que cubrían la propiedad. El repiqueteo sobre las láminas de zinc del granero creaba una atmósfera de encierro que asfixiaba a Valeria. Se encontraba en el sótano de la casa principal, un espacio que el fuego apenas lamió y que conservaba ese olor rancio a humedad y a siglos de secretos acumulados.
Frente a ella, un baúl de madera de cedro, tallad