Al salir de la ducha el me afirmo ya que mis piernas estaban débiles. Ni hablar de mis sensaciones. Román se acercó a mi oído y mordió el lóbulo de mi oreja.
— ¿Puedes caminar? —Lo dijo como burla. Le di una mirada reprobatoria, ni cuando perdí mi virginidad quedé tan sensible como ahora.
Asegurándose de que ya estaba estable levanto ambas manos en son de paz, dándose cuenta de mi mirada asesina.
—Está bien, no te molestare más. Saco un analgésico de la mesita de noche entregándomelo. —Se pone