Seraphina salió finalmente del baño, el aire en la habitación se sentía varios grados más fríos que el agua que acababa de dejar.
Alaric estaba de pie junto a la ventana, con la silueta recortada contra la luz del sol, pero su semblante era sombrío, casi amenazante.
Ella, todavía frotándose el cuello por la persistente tortícolis, intentó ignorar la tensión.
Sin embargo, antes de que pudiera recoger su bolso, la voz de Alaric la detuvo, gélida y cargada de un veneno que no comprendía.
—Parece q