La lluvia helada de la madrugada golpeaba las pistas del aeropuerto internacional con la regularidad de una prensa hidráulica, desdibujando los perfiles de los hangares bajo una cortina de agua rancia y gris.
El aire en el andén perimetral de la zona de carga estaba saturado de ozono, queroseno y el frío cortante del invierno que se filtraba hasta los huesos.
Al fondo de la pista, el jet privado del bloque transatlántico de Volkov permanecía con los motores encendidos, emitiendo un siseo agudo,