15. UNA PEQUEÑA BATALLA
Despertamos solas en aquella enorme cama con dosel, entre sábanas que huelen a lavanda y secretos.
Elizabeth, con su voz tranquila y bien modulada, comenta que el duque es un hombre de costumbres tempranas. Cada mañana se marcha antes del alba para atender sus negocios, así que —según dice— pasaremos la mayor parte del día solas. Confieso que la idea me complace.
— ¿Y sus hijos? —pregunto, aún desperezándome—. Ayer conocí a uno... me falta el otro.
Digo mientras ella se levanta y se dirige a una