12. NO ES CUESTIÓN DE QUE QUIERAS, SIMPLEMENTE ERES MÍO Y YA.
Una de las comisuras de sus labios se curva apenas, revelando que mis palabras le resultan deliciosamente hilarantes.
—¿De verdad? ¿Vendrás por mí?
Da dos pasos y se detiene al borde de la cama, mirándome desde lo alto como si esa posición de poder pudiera representar mucho para mí.
—Vamos a suponer que "arreglas" lo de la Duquesa. Que, milagrosamente, el Duque no se vuelve loco porque su esposa me quiere en su lecho. ¿Qué te hace pensar que yo iría contigo?
Levanto ligeramente una ceja y le reg