La tormenta había empezado al anochecer. El viento ululaba como una bestia antigua y la nieve caía con una furia que parecía querer borrar los contornos del mundo. Dentro de la casa de Cedric, la chimenea ofrecía una falsa sensación de seguridad. Adelia miró por la ventana empañada y supo que algo en el aire no era solo frío.
—No es una tormenta común —dijo—. Hay algo más en ella.
—Yo también lo siento —añadió Ethan, recostado en el umbral—. La magia está… desordenada.
Cedric, que intentaba lee