Permanecí escondida dentro de la caballeriza durante varios minutos.
Con ambas manos cubriéndome el rostro.
—Voy a morir.
Murmure.
Bandido levantó la cabeza.
Me observó.
Y volvió a comer.
—Gracias por tu apoyo.
El caballo no respondió.
Lo cual probablemente era lo más inteligente que alguien había hecho aquella mañana.
Solté un suspiro.
Todavía podía sentir el calor en mis mejillas.
Maldición.
¿Por qué había tenido que ocurrir eso?
¿Por qué precisamente frente al Rey Alfa?
¿Por qué precisamente