La gala benéfica era uno de los eventos más importantes del año. La prensa cubría cada rincón, y las luces de los flashes iluminaban la entrada del Gran Hotel como si fuera una alfombra roja. Yo estaba allí, con un vestido de seda rojo intenso que realzaba el color de mis ojos y un collar de diamantes que mi abuela me había regalado la noche anterior.
—Estás radiante, María —dijo mi abuela, ajustando mi collar con manos temblorosas—. Tu madre estaría tan orgullosa de ti.
—Gracias, abuela —respo