Los días posteriores a la operación de Thiago fueron un remanso de paz en medio de la tormenta. Mi hijo se recuperaba rápidamente, su risa volvía a llenar los pasillos de la mansión, y Yerald... Yerald había cambiado. Ya no era el hombre frío y distante del contrato. Era alguien que me miraba con una intensidad que me hacía sentir viva, que buscaba mi mano cuando caminábamos juntos, que encontraba excusas para estar cerca de mí.
Pero la calma, pensé, era solo el preludio de la tormenta.
Una tar