Los tres jóvenes hombres se quedaron callados por unos momentos. Lenin no podía decir nada, quedaría como un soplón, y eso jamás, hizo como si la virgen le hablara y tosió un poco.
Pero Emill, que era bastante osado, y se le iba de las manos a su padre, muy seguido, habló.
— Solo salimos para que Degel, tomara un poco de aire, papá, ¿Qué no ves que está demasiado nervioso? Necesitamos que se calme un poco.
— Mm, está bien, entren ya, Andrés me acaba de enviar un mensaje, ya está llegando