Perdiéndome en tus besos.
Las mejillas de la blanca chica se sonrojaron cuando escuchó al imponente y tirano CEO decir que no tenían por qué ser dos extraños en el matrimonio. Se estaba abriendo a la posibilidad de que floreciera el amor entre ellos.
— A decir verdad... Esa idea me gusta mucho. — La mujer de ojos violeta bebió de la copa de su champaña sosteniéndole la penetrante mirada al impresionante hombre.
La noche transcurrió entre plática que ayudó a conocerse mejor a los futuros esposos sin imaginarse que