Una marca de amor.
Los prometidos perdieron la noción del tiempo en besos ardientes y con sus cuerpos entrelazados. Y aunque el CEO deseaba hacerle el amor ahí mismo a su futura esposa, pero no era mi el lugar, ni él momento, no la iba a tomar en esa solitaria carretera.
En el momento en el que recuperó la cordura y se puso de pie. El magnate se dió cuenta de que la hermosa chica se había quedado dormida.
— Domenica... ¿Tú...? Aaaghrr, carajo, te has quedado dormida, ¡¿Cómo puedes dormirte mientras te estoy