Anya
La noche siguiente, me quedé frente al espejo mucho más tiempo del necesario. No dejaba de arreglar cosas pequeñas: quitar pelusa imaginaria, ajustar el tirante del vestido, alisarme el cabello aunque ya estuviera liso. Los nervios no me dejaban quieta.
Había elegido un vestido negro largo. Sencillo, pero lo suficientemente elegante para un evento benéfico. Me marcaba la cintura y caía con fluidez, sin ser demasiado llamativo. La mano todavía me dolía un poco, así que evité las pulseras. M