Anya
La mañana siguiente llegó en silencio, de esas mañanas en las que todo se siente un poco más pesado de lo que debería. Mi cocina seguía en penumbra, las cortinas apenas dejaban entrar luz. Me movía despacio, como si mi cuerpo estuviera despierto pero mi mente siguiera en otro lugar.
Encendí la tetera y agarré el teléfono para distraerme. Tal vez revisar las redes me ayudaría a calmar los pensamientos. Tal vez me ayudaría a olvidar la imagen de Orion encogiéndose cuando el café caliente le