CAPÍTULO 40  

Anya

La fiebre… debe de no estar pensando con claridad. Debe de creer que soy otra persona… yo de antes, la chica a la que una vez amó o más bien fingió amar.

Tragué con fuerza y me obligué a respirar.

—Estoy aquí —susurré, aunque la voz me temblaba—. Solo aguanta, ¿vale? No te muevas.

Parpadeó despacio, con los ojos cerrándose otra vez.

Me levanté tan rápido que la cama se sacudió.

—Vuelvo enseguida, te lo prometo.

Salí corriendo de la habitación, casi tropezando al bajar las escaleras. El ama
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