Helena no logró dormir.
Después de abandonar la sede de Valença Global, su mente permaneció atrapada en los acontecimientos de aquella noche.
La intrusión.
Los archivos.
Los accesos sospechosos.
Y, sobre todo...
La propuesta de trabajo.
Sentada en su pequeña cama del apartamento en Brooklyn, observaba la carpeta abierta frente a ella.
El salario era real.
Los beneficios también.
Todo parecía demasiado real.
Emma apareció en la puerta de la habitación con una taza de café en las manos.
—¿Todavía