Helena pasó todo el trayecto hasta su apartamento intentando convencerse de que aquello era una pésima idea.
Una idea terrible.
Ridícula.
Peligrosamente ridícula.
Porque una cosa era trabajar para Gabriel.
Y otra completamente distinta era vivir con él.
Aunque fuera temporalmente.
Aunque fuera por seguridad.
Aunque fuera en habitaciones separadas.
Su corazón parecía ignorar todos los argumentos racionales.
Y eso la irritaba.
Mucho.
Cuando entró en el apartamento, encontró a Emma tirada en el so