Helena tardó casi una hora en quedarse dormida.
El problema no era la habitación.
De hecho, la habitación era perfecta.
La cama era cómoda.
El silencio era agradable.
La vista de Manhattan parecía sacada de una película.
El problema era otro.
Gabriel.
O mejor dicho...
el hecho de que Gabriel estuviera al otro lado del pasillo.
A solo unos metros de distancia.
Aquello era ridículo.
Completamente ridículo.
Pero eso no impidió que su mente pensara en ello.
Ni una sola vez.
Cuando por fin consiguió